Los Milwaukee Brewers protagonizaron una noche histórica en las Grandes Ligas al imponerse 22-0 a los Seattle Mariners en el American Family Field, en uno de los resultados más abultados de la temporada.
La ofensiva de Milwaukee tardó en despegar, pero una vez que lo hizo convirtió el encuentro en una auténtica exhibición. Los Brewers anotaron apenas una carrera durante las primeras cuatro entradas y después desataron un ataque de 21 anotaciones entre el quinto y el octavo episodio.
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Con las 22 carreras, Milwaukee igualó la mayor cifra conseguida por la franquicia en un solo partido. La marca había sido establecida en agosto de 1992, cuando el equipo derrotó 22-2 a los Toronto Blue Jays.
El resultado también tuvo un peso histórico para las Grandes Ligas: la victoria igualó la mayor diferencia registrada en una blanqueada desde el inicio de la temporada de 1888, de acuerdo con MLB.
El quinto inning marcó el inicio de la avalancha. Christian Yelich conectó un cuadrangular de tres carreras dentro de un rally de cinco anotaciones que comenzó a romper definitivamente el encuentro.
La sexta entrada trajo otros cinco registros para los locales, con David Hamilton y Jake Bauers sumándose a la fiesta de jonrones. Milwaukee, que llegó al juego con una de las producciones de cuadrangulares más bajas de las Grandes Ligas, terminó mostrando una versión completamente distinta con el bate.
La mayor explosión llegó en la octava entrada, cuando los Brewers fabricaron nueve carreras. El novato Luis Lara aprovechó el episodio para conectar un jonrón de dos anotaciones, el primero de su carrera en las Mayores.
Seattle, completamente superado, recurrió incluso al infielder Leo Rivas para lanzar durante la parte final del encuentro.
La misma octava entrada dejó una de las escenas más extrañas de la noche. Julio Rodríguez atrapó un elevado de sacrificio de Yelich y lanzó posteriormente la pelota hacia las tribunas, creyendo que había terminado el inning. Sin embargo, apenas se había registrado el segundo out.
La confusión provocó que los corredores que permanecían en las bases pudieran avanzar hasta el plato y amplió todavía más una diferencia que ya era prácticamente irreversible.
Además del récord ofensivo, el triunfo confirmó el gran momento de Milwaukee, que quedó 30 partidos por encima de .500 en su registro general y 20 por encima de esa marca jugando en casa.
Para los Brewers fue una noche en la que prácticamente todo funcionó: bateo oportuno, poder y un ataque que convirtió un duelo cerrado en sus primeros innings en una paliza histórica.

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