Los Diablos Rojos del México impusieron su jerarquía y superaron a los Guerreros de Oaxaca con una pizarra de 12-8. Este triunfo otorga a la novena escarlata el pase directo a las Series de Zona, mientras la escuadra bélica queda a expensas de la matemática y de los resultados de terceros para definir su porvenir.
El juego fue un auténtico festín ofensivo, un epítome de ese beisbol vertiginoso.
Desde las primeras entradas del encuentro, el ataque local castigó al abridor visitante, William Cuevas. El lanzador apenas logró retirar dos outs antes de conceder tres carreras limpias, un preludio que marcó el rumbo del duelo. La paciencia en la caja de bateo y la contundencia de los escarlatas rindieron frutos de inmediato.
La tropa zapoteca, lejos de amilanarse, fraguó una respuesta pronta.
En la segunda entrada, los bates oaxaqueños despertaron del letargo para igualar la pizarra a tres carreras.
Los Diablos replicaron la hazaña. En la parte baja de ese mismo segundo rollo sumaron dos anotaciones más, y en el tercer capítulo asestaron un golpe casi definitivo con otro racimo de tres.
Juan Carlos Gamboa se erigió como el verdugo implacable de los brazos oaxaqueños, baeó dos hits en dos turnos legales, un jonrón, dos bases por bolas, un par de carreras producidas y dos anotadas. A esta fiesta se unió Carlos Pérez, quien conectó tres imparables en cinco viajes al plato y produjo dos anotaciones cruciales.
Desde la trinchera monticular, ambos estrategas movieron sus piezas con celeridad ante el colapso de sus abridores.
Ante la breve apertura de Ricardo Pinto, Justin Courtney tomó la esférica por los locales durante tres episodios completos. Aunque toleró tres anotaciones y cinco imparables, su labor sirvió como pilar para adjudicarse la victoria.
El dramatismo alcanzó su clímax en la séptima entrada, en el instante en que los Guerreros orquestaron un intento de rebelión y sumaron tres rayas frente a los envíos de Nick Vespi.
Ante el peligro inminente, Lorenzo Bundy recurrió a su cerrador de confianza.
Tomohiro Anraku retiró cinco outs consecutivos sin admitir daño alguno y se apuntó su tercer salvamento de la postemporada.
Ahora, la gran interrogante recae en el destino de los Guerreros.
Tras concluir esta serie con tres triunfos a su favor, la novena de Oaxaca tiene amplias posibilidades de acceder a la siguiente fase bajo la figura de "mejor perdedor". El reglamento del circuito establece que este boleto de comodín corresponde al equipo eliminado que ostente la mayor cantidad de victorias en su respectiva llave.
Para que esto se materialice, los Guerreros requieren que los Olmecas de Tabasco liquiden su compromiso frente a los Bravos de León en el sexto juego.
Actualmente, la escuadra tabasqueña ostenta una ventaja de tres triunfos contra dos. Si los Olmecas prevalecen y eliminan a los Bravos, la novena leonesa concluirá su participación con solo dos victorias.
Dado que los Piratas de Campeche cayeron previamente cuatro juegos a uno ante los Pericos de Puebla, Oaxaca se consolidaría como el equipo derrotado con más éxitos y obtendría así el ansiado pasaporte.
Por el contrario, el panorama se tornaría lúgubre si los Bravos conquistan la victoria en el sexto choque y fuerzan un séptimo duelo. Si esto ocurre, incluso si León cae derrotado en el encuentro definitivo, ambos conjuntos (Oaxaca y León) terminarían con tres triunfos.
En dicho escenario de empate, el criterio principal beneficia a la franquicia con el mejor porcentaje de victorias durante el calendario regular.
Debido a que los Bravos culminaron la campaña en el quinto peldaño de la Zona Sur y los Guerreros en el sexto, la ventaja favorece a la novena guanajuatense.

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